Fisiología dental



Todas las funciones que posee el órgano dental como estructura viva, son debidas a las actividades del tejido pulpar, o lo que se conoce como el "nervio del diente".

Fundamentalmente éstas son la nutrición del propio tejido pulpar y de la dentina, así como la inervación y defensa del diente.

La supervivencia de cualquier organismo vivo depende de su habilidad para identificar, responder y adaptarse a las posibles agresiones de su entorno.Un reconocimiento consciente de un irritante da al diente la oportunidad de modificar esa situación antes de que cambios irreversibles ocurran.Todo esto es posible dado que los receptores del dolor en el tejido pulpar están conectados con el sistema nervioso central. De esta manera ante un estímulo térmico de cierta intensidad se produce una acción defensiva por parte del diente que consiste en la sensación de dolor.Suele ser de muy corta duración y cesa inmediatamente al retirar el estímulo.

Cuando un diente está afectado por caries, en las primeras etapas del avance de ésta no suelen presentarse prácticamente síntomas.Según el proceso va acercándose al tejido pulpar pueden empezar a notarse síntomas ante ciertos estímulos como por ejemplo una bebida fría, provocando dolor momentáneo que cesa enseguida. Probablemente antes cuando el diente estaba sano esto no era motivo de dolor, pero la caries al ser un proceso destructivo, de alguna manera disminuye la distancia que existe desde el exterior al interior del diente y de esa manera lo hace más sensible. Cuando una raíz queda expuesta al medio bucal por una retracción de la encía, esto también suele provocar sensibilidad ante estímulos térmicos.

La caries es una infección bacteriana y como tal es un irritante para el diente, que provoca en el tejido pulpar distintos grados de inflamación según ésta va avanzando. De la misma manera el dolor que puede producir el mismo estímulo térmico del ejemplo anterior, puede ser ahora mucho más intenso debido a la cercanía de la caries al interior del diente.

Una función de defensa muy importante en el diente, es la formación de dentina ante la presencia de un irritante que actúa de manera más o menos continuada, de esta forma un diente con caries, se protege intentando mantener esa distancia original que había antes de producirse ésta, es decir actúa interponiendo más capas de dentina para alejar la caries del tejido pulpar.La efectividad de este mecanismo de defensa depende de muchos factores como pueden ser la agresividad y la rapidez de avance del agente irritante como puede ser una caries, un desgaste dental excesivo, etc, así como de la capacidad del diente para agregar dentina en el interior del diente en un determinado tiempo.

Si la aposición de dentina va por delante del avance de la caries, el mecanismo de defensa está siendo efectivo y es capaz de mantener la función del diente en condiciones de salud. Si por el contrario el avance de la caries se produce más rápidamente que la capacidad del diente para defenderse, el tejido pulpar suele sufrir cambios irreversibles, consistentes básicamente en inflamación del mismo.En este aspecto la capacidad del diente es bastante limitada, es decir, ante un estímulo lento y poco agresivo en el interior del diente se produce una cierta inflamación, pero si éste es muy agresivo o si la capacidad del diente para defenderse se ha visto superada, el tejido pulpar se inflama en mayor medida y ya no tiene capacidad de recuperación, como otros tejidos de nuestro organismo.En este caso es cuando se produce el típico dolor dental, intenso, muy agudo y persistente. El tejido nervioso que está en el interior del diente es comprimido contra las paredes rígidas de la dentina como consecuencia de la inflamación pulpar, ésta es una de las principales causas de la intensidad del dolor dental.

En esta situación el daño al tejido pulpar es ya irreversible, no cabe esperar una recuperación del mismo, como cuando solo existía dolor ante un estímulo y cesaba rápidamente al quitarlo. Si esta situación sigue su curso natural, se produce la infección del tejido pulpar, que cursa generalmente con dolor agudo, aunque no siempre se da esta circunstancia, puede ocurrir una molestia leve o incluso la ausencia de dolor. Esto tiene que ver en gran medida con la virulencia de los gérmenes y la capacidad de defensa del organismo.

Si la infección dental sigue su curso y supera la capacidad de defensa local del organismo, ésta saldrá de los límites del diente pudiendo provocar lo que se conoce como un absceso o flemón dental, aunque también puede permanecer relativamente encapsulada en las cercanías del diente sin producir muchos síntomas durante un perído más o menos largo de tiempo.

En esta situación, donde ya están afectados parte de los tejidos que rodean al diente como son el hueso y el ligamento periodontal, el diente probablemente estará sensible a las fuerzas que actúan sobre el, como por ejemplo al masticar, o al ser percutido por el espejo del odontólogo.Probablemente ya no responda a estímulos térmicos, ya que el diente ha perdido esa capacidad,

La viabilidad del diente ya pasa en este momento sólo por medio de tratamiento endodóncico, solo así podrá mantenerse en la boca en condiciones de salud y ausencia de infección.